La épica de la esperanza. Una mirada hacia el futuro

 

Es hora de inventar el camino de la esperanza. Las relaciones humanas comunitarias, colectivas, solidarias, esas que abrazamos las mayorías populares son la huella del futuro. Son las que deberán ganar frente al odio, al sálvese quien pueda, a la mezquindad del mercado, a la brutalidad de las elites conservadoras. El amor de los pueblos vencerá al cinismo de un sistema global que muestra la hilacha.

Una pandemia estremece los cuerpos en todo el mundo. Desnuda las desigualdades generadas durante décadas por el neoliberalismo. Los efectos de un modelo de civilización inhumano, basado en la riqueza de unos pocos a costa de la extrema pobreza de millones.

La transición hacia un nuevo mundo está en marcha. El reino del capital financiero global muestra sus límites de la manera más cruenta que la época le permite. El desafío de construir un camino de Salvación está abierto. Así como también, la oportunidad de despertar mundos nuevos y descartar, para siempre, viejas barbaries.

“Nadie se salva sólo” dijo el Papa Francisco en su mensaje al mundo. Es hora de poner la economía al servicio de la humanidad y el planeta y no de la especulación y la acumulación de riquezas en unos pocos bolsillos.

En Argentina se vibra la unidad de un pueblo que sabe de padecimientos y de organización colectiva. Con un gobierno presente y alerta que ha actuado rápido para evitar la propagación del virus e impedir el colapso del sistema sanitario. Ha decretado medidas pertinentes para garantizar el aislamiento obligatorio que van desde el fortalecimiento de políticas alimentarias y de ingresos para los trabajadores y trabajadoras de la Economía Popular y el conjunto de los sectores más empobrecidos, hasta la implementación del Ingreso Familiar de Emergencia. Sin embargo, los costos del parate económico todavía no se han desplegado. Cuando esos costos se hagan sentir, más fuertes se escucharán las voces de los ricos, de los verdaderamente poderosos, que tensionarán las políticas estatales para no perder ni una pequeña porción de sus grandes riquezas.

El escenario actual nos lleva, más que nunca, a poner por encima de todo, los valores de solidaridad y la construcción comunitaria para atender las necesidades de los más humildes y, al mismo tiempo, a intervenir en la construcción de un modelo viable de desarrollo nacional, soberano y con justicia social. Que se oponga tajantemente al ordenamiento neoliberal de nuestras vidas. Es momento de dar debates a fondo, construir propuestas transformadoras, poner por delante el interés común, la soberanía nacional, y garantizar los derechos postergados.

Los cuatro años del proyecto neoliberal en nuestro país agudizaron el empobrecimiento de los de abajo e incrementaron el endeudamiento externo. Al mismo tiempo, avanzaron varios casilleros para intentar que el gran capital financiero domine nuestras vidas y garantizar, desde el Estado, la continuidad del largo período iniciado por la dictadura genocida, que la rebelión popular del 2001 había logrado poner en pausa.

Hasta hace algunos meses, el programa político y económico intentaba dar estabilidad a la economía y negociar de la mejor manera las condiciones para un desarrollo nacional relativamente autónomo. Esto que hasta febrero parecía el sendero posible, hoy ya no tiene sentido. De nada sirve hoy pensar en la prudencia fiscal y monetaria que el FMI intentó por todos los medios imponernos y hoy ellos mismos relativizan. La fragilidad de nuestras vidas y la profundidad de la crisis ameritan que debatamos el trasfondo. Las medias urgentes hoy, más que nunca, son estructurales. Es momento de pensar medidas con la mayor unidad del campo popular, que terminen con los resabios neoliberales que una y otra vez muestran su fracaso y su tendencia deshumanizante en el mundo.

Para ello proponemos:

1. Estatización de empresas de servicios públicos: luz, gas, aguas, internet y transporte.
Una de las grandes apuestas del neoliberalismo desde los ´90 hasta hoy fue beneficiar a los sectores de servicios. Un sector que mantiene a los hogares y a las empresas pequeñas y medianas como rehenes, dado su poder monopólico y que fue altamente beneficiado por las políticas de Cambiemos. Distanciarse de ese paradigma privatizador es una medida imprescindible para aliviar la carga de la crisis. Los servicios públicos y el transporte son, sin duda, de primera necesidad en el siglo XXI para el conjunto de la población y no deben estar mercantilizados.

2. Control público de los depósitos bancarios y nueva ley de entidades financieras.
El sector financiero no sólo ha sido históricamente uno de los de mayor rentabilidad en nuestro país sino que detenta el control del ahorro que se genera en nuestro país. Si bien los cambios regulatorios implementados desde la asunción del nuevo gobierno han permitido una mejor orientación del crédito hacia la producción, la crisis actual requiere reforzar los mecanismos estatales para definir que se hace con los recursos que emanan del ahorro de millones de argentinos y argentinas.
Esto se hace más necesario considerando el posible contexto de cesación de pagos y de crisis de deudas en muchos países del mundo. La salida de capitales que las economías periféricas sufrieron en las últimas semanas no tiene antecedente histórico e interpela a los Estados a tener un control férreo del movimiento de capitales. El control público sobre los depósitos permitiría cuidar los ahorros de los y las argentinas y orientar todo los recursos financieros a rescatar a las pequeñas y medianas empresas, comercios, asistir a las familias y los cuentapropistas para evitar que la crisis recaiga sobre los sectores más vulnerables.
A su vez, esta medida podría ser tomada junto con la sanción de una nueva Ley de Entidades Financieras que reemplace la vigente impuesta por la dictadura militar en 1977 y rije reglas más democráticas para el sector bancario, priorizando los interese del desarrollo nacional por sobre la lógica de especulación que ha regido en las últimas décadas.

3. Gravar con mayor progresividad las riquezas extraordinarias
La desigualdad que los modelos neoliberales impusieron requiere considerar una reforma tributaria progresiva, una gran deuda pendiente. Ante la emergencia, creemos posible establecer una mayor progresividad del impuesto a bienes personales y reestablecer los tributos a las grandes herencias. También castigar impositivamente con más fuerza los activos en el exterior para favorecer su repatriación. En este contexto de crisis, el 1% más rico de la población que se ha enriquesido aun más en los últimos años, debe realizar aportes excepcionales para contener al 99% restante.
4. Avanzar en la discusión sobre un Ingreso Universal
Frente a la crisis el gobierno tomó una muy buena medida de transferencia de ingresos directa al sector más vulnerable de la población: el Ingreso Familiar de Emergencia. Se trata de una medida necesaria y que a la vez evidencia las dificultades de un sector muy relevante de la población de garantizarse ingresos fijos a través de las reglas del mercado laboral.
En muchos lugares del mundo se ha planteado hace tiempo la necesidad de avanzar hacia una modalidad de Ingreso Universal. En argentina la experiencia de la AUH ha mostrado ser una excelente herramienta para garantizar pisos de ingresos para una porción importante de la población que no tiene empleo formal. Por eso quizás haya llegado la hora de discutir seriamente el establecimiento de un mecanismo de Ingreso Universal que permita a toda la población satisfacer sus necesidades más elementales independientemente de su condición laboral.

5. Avanzar en la urbanización de los barrios populares y la creación de obras de infraestructura local.
La expansión de la pandemia y la correcta medida tomada por el gobierno de decretar un aislamiento preventivo y obligatorio puso de relieve las profundas diferencias que existen entre quienes viven en barrios populares, en muchos de los cuales no hay acceso a los servicios básicos y el resto de la población. En ese sentido, el avance de la Integración de los 4.416 barrios populares, garantizando luz, agua de red, cloacas, desagües, veredas y conectividad digital para las 5 millones de personas que habitan en los barrios relevados por el ReNaBaP es una tarea de primer orden, así como garantizar obras de infraestructura para esos barrios que aporten a la urbanización y, a la vez, sean fuente de empleo, entendiendo que estos servicios son medios fundamentales para el ejercicio del derecho a la salud.

6. Reclamar la condonación de deuda con el FMI y los organismos multilaterales
Distintas voces se han levantado en las últimas semanas planteando la condonación de la deuda de países periféricos con los organismos multilaterales. Se trata de un reclamo justo ya que la deuda global hoy más que triplica el PBI mundial, las transferencias de capitales hacia las economías centrales ha sido sumamente intensa y los países ricos están en condiciones de hacerse cargo de estas pesadas cargas sobre los países más débiles.

En el caso argentino además el FMI ha sido parte de la gestación de la crisis que hoy vivimos en un acuerdo con el gobierno de Cambiemos que ha violado su propio estatuto y que ha puesto a la Argentina en una situación de enorme fragilidad externa. Es de toda justicia que la Argentina se sume a este reclamo internacional e incluso promueva la gestación de clubes de países de deudores para afrontar este proceso mediando alianzas internacionales. En el marco de esta terrible crisis económica global, los organismos multilaterales deben condonar la deuda a los países dependientes.

7. Producción pública y popular de alimentos y aplicación de la ley de góndolas.
El derecho a la alimentación es uno de los problemas más acuciantes de la crisis que desató la pandemia del coronavirus. La producción pública y la producción popular a través de cooperativas pueden ser dos alternativas fundamentales para garantizar el abastecimiento a toda la población. Por esto proponemos poner a disposición tierras públicas para realizar estas actividades gestionadas directamente por el Estado o a través de cooperativas de la economía popular.
También resulta fundamental en este contexto la implementación de la ley de góndolas para que la presencia monopólica de las grandes empresas dentro de los supermercados no impida el acceso de los productos de pequeñas y medianas, así como de la producción de la agricultura familiar y la economía popular.

Frente PATRIA GRANDE

¡Ayudanos a difundir!
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Print this page
Print
Email this to someone
email

También puede gustarle...