Ayer y hoy: el subsuelo de la Patria sublevado

En su “Informe a las bases del movimiento”, reeditado tras su muerte bajo el título “Peronismo y Revolución”, John William Cooke afirma:
“(…) nada ocurre favorable al Pueblo si no hay lucha, acción en las condiciones que se pueda. Sabemos que una correlación de fuerzas puede cambiar, pero a condición de que no se la considere definitiva e invencible. Sabemos que sólo ganan las batallas los que están en ellas”.
Si bien la historia no se repite, existe un desarrollo, una continuidad, una recuperación, un paralelo que podemos trazar con el presente en relación a lo ocurrido el 17 de octubre de 1945. Hay un odio ejercido a lo largo de décadas por sectores reaccionarios de nuestra sociedad que se mantiene plenamente vigente desde aquella fecha originaria del movimiento peronista hasta hoy en día. Es el mismo clivaje que recorre la historia argentina entera. Los civilizados por un lado y los bárbaros por otro, la oligarquía terrateniente y los peones rurales, los empresarios multinacionales y los obreros explotados, los que pretenden conservar sus privilegios y los que luchan por sus derechos; en suma: los poderosos y el pueblo.
Las manifestaciones que hemos vivido en estos últimos meses por parte de estos mismos sectores conservadores -anteponiendo sus intereses mezquinos e individuales por sobre la salud colectiva de todo el Pueblo- replican una parte de nuestra historia que bien conocen y han padecido las mayorías populares. Ese mismo odio que se expresó en pintadas vivando al cáncer, en bombardeos y en fusilamientos ha utilizado los mismos argumentos que escuchamos hoy: la defensa de supuestos valores republicanos tendientes a defender los intereses de una mínima (y privilegiada) parte de la sociedad y el grito en el cielo cuando se pretende avanzar en una más justa redistribución de la renta, entre otros, han sido enunciamientos que alimentaron procesos que derivaron en la desestabilización democrática y en sucesivas dictaduras militares.
Hoy, como en aquellos días, seguimos luchando por un país que pueda ejercer plenamente su derecho a la autodeterminación. El nacionalismo, al decir de Cooke, sólo sigue siendo posible como una política antiimperialista consecuente. En ese sentido, el ciclo abierto el 17 de octubre de 1945 no debe entenderse como una doctrina cerrada y terminada. Su continuidad, como ha dicho Carlos Olmedo, está dada en tanto se entienda como una experiencia creciente a la que el Pueblo vuelve una y otra vez para “ir descifrando el significado de su lucha, de cada una de las etapas en las que los enfrentamientos lo van colocando, y de las alternativas, de los caminos que corresponde seguir para realizar sus intereses históricos”.
Nada consigue el Pueblo sin lucha. Ese subsuelo de la Patria sublevado del que hablaba Raúl Scalabrini Ortiz yace latente aún, hoy; en plena conciencia de que sólo a través de la lucha y la organización podrá avanzar en la conquista de los derechos que históricamente le han sido negados. La lucha por una sociedad donde la dignidad y la solidaridad sean regla y costumbre, donde no haya explotados ni explotadores, continúa volviendo a esa histórica jornada una y otra vez y permanece más viva que nunca.
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