EN JUJUY EL MACHISMO NO SE AGUANTA

El día miércoles 7 de abril, visitaron la provincia funcionarias del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad.
Se realizó una reunión con instituciones, sindicatos y organizaciones donde pudimos plantearles las distintas situaciones que estamos atravesando, donde vemos que no hay un compromiso en la atención a nuestras necesidades.
Escribimos esta carta como un llamado a la reflexión de la sociedad, del feminismo, pero sobre todo del Estado.
Formamos parte de una red enorme de mujeres y diversidades que acompañamos situaciones de violencia En Jujuy, una provincia en la que somos perseguidas por querer trabajar, donde nuestras demandas no sólo NO son escuchadas, sino que son reprimidas.
El 13 de octubre salimos a las calles para exigir justicia para Alejandra Álvarez de 17 años, la 5ta víctima en 32 días, y la respuesta del gobierno fue mandar a la policía y tirar gases lacrimógenos.
Cuando nos dicen que hay que trabajar con el gobierno local, tienen que saber que la Presidenta del Consejo de la Mujer Alejandra Martinez obtuvo su cargo como favor político, no tiene experiencia nada vinculado a la problemática. El Secretario de seguridad Ekel Meyer y el gobernador Gerardo Morales se ha excusado de su mal accionar responsabilizando públicamente a las víctimas de femicidio.
Sumado a esto, un poder judicial en total complicidad con el poder político.
Más allá de ese límite que encontramos a la hora de plantearle al estado provincial nuestras demandas, realizamos un trabajo diario y no esperamos que el gobierno jujeño, cambie a partir de esta carta ya que sabemos que nada los interpela siquiera los 13 femicidios.
Lo que buscamos es más apoyo del gobierno nacional, ante la situación de emergencia en la que vivimos, y todo lo que contamos de manera presencial el día Miércoles 7 de Abril en el rectorado de la UNJu en donde explicamos que la línea 144 no funciona con efectividad y que debido a esto las promotoras de género y las acompañantes comunitarias que pertenecemos a distintas organizaciones sociales, somos quienes terminamos haciendo el trabajo que le corresponde al estado provincial que como mencionamos, actúa de manera punteril y autoritaria.
Cuando ese llamado llega vemos de qué forma la podemos asistir, teniendo en cuenta que cada situación es particular y priorizando lo que la persona quiera hacer, a veces, eso implica ir por la vía legal que es muy dura, porque la justicia y su brazo ejecutor, la policía, oscilan entre la hostilidad y la lentitud.
En la gran mayoría de los casos que se dan en los barrios populares, la cuestión económica es fundamental para salir del círculo de violencia, por lo que el acompañamiento implica pensar un proyecto de vida. Ahí está la organización, la pelea por un trabajo digno.
Hace años que nos venimos organizando para sobrevivir, para llevar un plato de comida a nuestros hogares. Muchas somos vendedoras ambulantes, trabajadoras sociocomunitarias, promotoras de género y salud, somos perseguidas y violentadas por querer trabajar. Nuestra situación, de por sí, es difícil.
En este recorrido hemos aprendido y seguimos aprendiendo en base a la experiencia. También nos hemos formado en muchas cosas que ignorábamos. No nacimos feministas y no tenemos la fórmula mágica para resolver este enorme problema que tiene su mayor expresión en los femicidios. Es cierto que hay muchos frentes en los cuales se debe intervenir, pero asumimos que algunos nos exceden.
No tenemos claro que implica una reforma judicial feminista ni pretendemos que nuestra voz sea la primera en esa discusión. Sin embargo, hay algunas cosas que queremos discutir, que intentamos discutir, pero no somos escuchadas.
Desde el “feminismo progresista” se sostiene la idea de que la política de hogares o refugios para mujeres en situación de riesgo es una mala política, porque quien debe dejar el hogar es el violento y no la víctima. Es una linda idea, pero en la práctica sabemos que las situaciones habitacionales de hacinamiento por la falta de viviendas dignas para todes, el trabajo precarizado y la desocupación, son aspectos estructurales que dificultan la autonomía y la salida del ciclo de la violencia. Ni hablar de que incluso cuando se dicta la perimetral, nadie controla que se cumpla.
Por eso creamos estrategias para resolver momentos de emergencia, que van desde alojar a las vecinas en nuestras casas, hasta la creación de espacios comunitarios destinados a ese fin. Pero esto es insostenible a largo plazo sin apoyo del Estado.
Otra posición es pensar que ese rol lo debe ocupar el estado y no las organizaciones. Lamentablemente esa opción también suele fallar, ya sea porque tienen un gobierno inoperante, deficiente o directamente corrupto, o porque las instalaciones no existen, no dan abasto o tienen reglas excluyentes (burocracia, régimen de 72 hs, malos tratos, no permiten niños, etc.). ¿Por qué no existe un programa para apoyar nuestros espacios? ¿Por qué un ministerio nuevo, lleno de compañeras feministas con voluntad de cambiar las cosas, se cierra en las mismas lógicas de rosca política y burocracia estatal? Escribimos estas palabras para que se lean y escuchen nuestras propuestas, pero también para que sepan que pueden apoyarse en nuestras prácticas, discutirlas si es necesario, pero contemplando nuestras necesidades y reconociendo nuestro trabajo.
¿Qué es lo que pedimos? ¿A qué nos vienen diciendo que no? Cosas que no implican cambiar leyes ni modificar el presupuesto. Con solo ponerse en el lugar de cualquiera de nuestras compañeras, que no tienen horarios ni vacaciones, creo que lo entenderían.
Acompañamiento profesional: una abogada, una psicóloga, una trabajadora social. No pedimos un super edificio carísimo. Simplemente que haya personas cobrando un sueldo a disposición para acompañar los casos. Puede ser uno por regional, podemos discutir cuántos de estos equipos, pero no se puede anunciar con bombos y platillos la creación de 13 equipos en todo el país. No es ni siquiera uno por provincia, y eso también sería poco.
Pedimos una línea de apoyo para los refugios gestionados por organizaciones, que permitan pagar gastos flexibles.
En un caso será el alquiler del espacio, en otro será para comprar equipamiento, en otro para pagar el día a día, pero no puede ser que el estado no nos contemple.
Además, cuando acompañamos un caso, pagamos de nuestro bolsillo los traslados, las líneas de celular -que deberían ser diferenciadas, ya que recibimos amenazas en los teléfonos todo el tiempo-, un complemento salarial para que no tengamos que, además, trabajar de otra cosa para no ser indigentes.
También pedimos que las políticas de prevención, las campañas publicitarias contra el machismo, contemplen a los sectores populares, lleguen a nuestros barrios. Nuestras compañeras, mujeres, travestis, trans, no ven el instagram del ministerio ni escuchan la radio de moda.
¿Tan difícil es escucharnos y dar respuesta a estas demandas?
Las razones que hemos escuchado para negar estos recursos son totalmente inconsistentes: que el estado no terceriza recursos humanos, que no se puede delegar responsabilidades en las organizaciones, o simplemente que no se puede pagar tal o cual cosa, como una línea de teléfono, cuando sabemos que está lleno de funcionarios con chofer y teléfono gratis. Ni siquiera estamos discutiendo sus abultados sueldos. Sabemos que se puede porque hay herramientas similares para problemas diferentes en otros ministerios. El estado puede hacerlo, lo que falta es voluntad política. Y lamentablemente, la voluntad política está muy atada a la imagen pública, por eso escribimos esta carta.
Nosotras vamos a seguir estando, haciendo lo que podemos, eso no está en discusión. No hay paro feminista para estas tareas. Sin embargo, notamos el desgaste psíquico y emocional que arrastramos y nos asusta lo que pueda pasar este año. La mayoría de nosotras votamos a este gobierno, luchamos en las calles por estas medidas y sentimos la responsabilidad de señalar lo que no se está haciendo. Ya hemos dicho como pueblo muchas veces Ni una menos, hoy traemos nuestro humilde aporte para poder avanzar en ese camino. Ojalá nos escuchen.
Necesitamos políticas públicas reales por que nos encontramos en Emergencia por violencia de género provincial y nacional 13 FEMICIDIOS SON LA REALIDAD SOCIAL PREOCUPANTE
BASTA DE FEMICIDIOS, TRAVESTICIDIOS Y TRANSFEMICIDIOS!
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