La policía de la Ciudad asesinó a Lucas

Lucas era un pibe de Florencio Varela, tenía 17 años, hacía lo que más disfrutaba: jugaba a la pelota, había logrado que sus amigos entraran a jugar a Barracas Central el mismo día que lo asesinaron.
Hoy sus amigos, su familia, sus vecinos y vecinas lo lloran mientras mastican bronca. La policía de Larreta es responsable.
Estigmatizar y criminalizar a la juventud aparece como consecuencia inevitable de un sistema social, político y económico cuyos principios se basan en la marginación de las mayorías populares, como mandato casi obligatorio del poder político (representado por los gobiernos de turno), los medios de comunicación masivos (generadores y promotores de la violencia) y la policía (el brazo armado del Estado). El mismo sistema que margina a los pibes y las pibas de las barriadas populares, los condena como responsables de su propia exclusión.
Mientras exista y se continúe reproduciendo esta connivencia, la corrupción que caracteriza al chantaje policial continuará aflorando día a día y los pibes y pibas, principales y estelares víctimas, seguirán pagando los platos rotos y dembulando por laberintos sin salida, condenados y condenadas de ante mano, con la cárcel y el resentimiento como destino asegurado.
Basta de gatillo fácil. Basta de estigmatización y criminalización de la pobreza. Basta de asesinar a los pibes de nuestros barrios.
Justicia por Lucas.
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