Basta de especulación y sobreprecios. Para alimentos a precios justos, compremos a la Economía Popular.

Frente a la suba descontrolada de precios, basada en la especulación financiera de las grandes empresas nacionales y multinacionales, el gobierno dispuso el congelamiento transitorio de precios de 1432 productos de la canasta básica; una medida de emergencia ante el desborde inflacionario.
Grandes empresas, como Molinos, Ledesma y Arcor han repuntado sus ganancias extraordinarias a través del consumo. Mientras tanto, el pueblo trabajador ve cómo día a día decrece su poder adquisitivo y cómo la compra de alimentos pasa a ser un drama cotidiano.
En un país que produce alimentos para 400 millones de personas, el hambre es un crimen. El boicot a Molinos y a las empresas que no se adhieren a la medida de congelamiento de precios del gobierno, tiene como contracara necesaria profundizar la discusión sobre la soberanía alimentaria: qué comemos, de dónde vienen esos alimentos y poder discutir los márgenes de ganancia desorbitantes de los grandes supermercados.
La Economía Popular viene desarrollando hace décadas la rama agraria y la comercialización directa de alimentos, sin intermediarios. Para poder ejercer nuestro derecho a la soberanía alimentaria, es necesario consumir alimentos de la Agricultura familiar, las cooperativas, las empresas recuperadas y los pequeños productores.
Basta de especulación y sobreprecios. Para alimentos a precios justos, compremos a la Economía Popular.
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